miércoles, diciembre 14, 2005

GENERALIDADES




Víctor Raúl Haya de la Torre, de familia con abolengo venida a menos, nació en Trujillo en 1895. En sus años juveniles sufrió una pobreza que comparó con la opulencia de sus parientes, lo cual generó en él cierto resentimiento. Cuando descubrió la injusticia del sistema. socioeconómico en el que vivía, nació su rebeldía, el deseo de abatir a los poderosos. En la Universidad buscó y obtuvo la alianza, con los obreros que se enfrentaban a sus primos oligarcas dueños de las haciendas cañaveleras, también contra el imperialismo yanqui que los protegía y amparaba. Fue presidente de la Federación de Es­tudiantes, creador y director de las Universidades Populares Gonzá­lez Prada, sus primitivas bases de popularidad. Comenzó su etapa de luchador social, relegando transitoria­mente en su trastienda mental el amor a la vida muelle que envidió a sus parientes ricos. Desterrado por Leguía a México, en 1924 fundó el A.P.R.A. (Alianza Popular Revolucionaria Americana) "que viene a ser el Partido Revolucionario Antiimperialista Latinoamericano". Enunció los cinco puntos básicos de su doctrina: 1. - Acción contra el imperialismo yanqui; 2. - Por la unidad de América Latina; 3. - Por la nacionalización de tierras e industrias; 4. Por internacionalización del Canal de Panamá; 5.- Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidos del mundo. Posteriormente este programa sufrió algunas modificaciones. Se suprimió el termino yanqui del primer punto; la internacionalización del Canal de Panamá fue cambiada por su "interamericanización"; más tarde se agregó el termino “progresiva" al enunciado de nacionalización de tierras e industrias [1]. Europa y varios países latinoamericanos estaban atestados dé políticos in conformes y luchadores sociales desterrados por las dic­taduras que entonces infestaban el suelo americano, casi todos ellos atraídos por la doctrina marxista y estimulados por el triunfo de la revolución rusa que había abatido la autocracia zarista. Haya de la Torre no permaneció inmune al signo de la época y se declaró tam­bién marxista, aunque pretendió dar a esta doctrina una interpreta­ción especial para "la realidad americana, diferente a la que estudió Marx". Rechazó los partidos clasistas para sustentar la tesis de la alianza de clases. Planteó reformas destinadas a fortalecer el sistema capitalista y detener la revolución socialista. Haya fue en este senti­do el precursor ideológico del gobierno actual, primogenitura que no cesa en reclamar. Prefirió ser cabeza de ratón y no, cola de león como se comentó su rechazo al comunismo. José Carlos Mariátegui, quien lo apoyó en un principio, al percibir sus planteamientos bur­gueses se alejó de él para fundar el Partido Socialista, vinculado a la In Internacional y convertido en Partido Comunista después de la muerte del Amauta. Haya, con una sorprendente movilidad política, apoyado por el liberalismo burgués de América Latina, creó células apristas en varios países del continente. En 1928 escribió su obra El antiimperialismo y el Apra, exponiendo su nueva tesis sobre el fenómeno imperialista, diferente a la definición dada por Lenin En Lima y en el departamento de La Libertad existían bas­tantes amigos de Haya de la Torre, ex compañeros de las Universi­dades González Prada y de las jornadas por la reforma univer"itatia, que hacían activa propaganda contra la dictadura de Leguía. En 1927 se comenzó a hablar de "la Apra", movimiento que la oli­garquía tildó de comunista por las reformas que propiciaba. Este mote que habría de durar mucho tiempo, puso los pelos de punta a buena cantidad de militares, sobre todo a los de mayor edad, tan influenciados como estaban en aquellos tiempos por la alta burgue­sía. Nació el anticomunismo castrense, sentimiento que aumentó al contemplar el apoyo popular que obtuvo el APRA en las eleccio­nes de 1931 y luego en su lucha contra la tiranía de Sánchez Cerro. En 1928 apareció un confuso y fantasmal Partido Naciona­lista Revolucionario Peruano, que se proponía aplicar en el Perú los lemas del aprismo. Tendría una estructura civil-militar. En uno de los manifiestos de dicho partido, que aparece firmado por el “Comité de Oficiales y Soldados”, miembros del partido se ha­bla de “las persecuciones secretas” que vienen sufriendo los oficiales y soldados que patrióticamente se niegan a secundar los planes del traidor y que apoyan al Partido Nacionalista y a la candidatura de Haya de la Torre. En efecto, sin tener la edad que prescribe la Constitución, Haya lanzó su candidatura presidencial para las elecciones de 1929, "como ardid revolucionario" según Sánchez, para iniciar "la insurrección en la zona petrolera del Perú". No se llega a descubrir en qué consistía dicho "ardid", ni la necesi­dad de lanzar una candidatura a todas luces inoperante por pres­cripción constitucional, para hacer la revolución. Pero sí se des­cubre que la candidatura no era otra cosa que afán de publicidad. Con esta misma finalidad Haya indujo al "capitán Iparraguirre condiscípulo de Víctor Raúl, que actuaba como instructor del ejér­cito salvadoreño", para hacer la revolución en el Perú. Lo envió en 1929 a la región de Talara dan de "debía realizar propa­ganda, entre los obreros y licenciados del ejército. para formar el primer ejército revolucionario”. El "capitán" Iparraguirre comunicó a Haya la "formación de un ejército sobre la base de 2,500 obreras de Talara" .Pero el lí­der aprista fue deportado a Europa, de modo que no. pudo concurrir a la cita con su agente revolucionario para dirigir la revolución aprista. Si el levantamiento de las obreros de Talara hubiera dada resultado, comentaba Martínez de la Torre, se habría producida la masacre, "¡Qué importaban las obreros muertos si las apristas hu­bieran podido lanzar a todos los vientos que el imperialismo yan­ki y el tirano Leguía ahogaban en sangre el grito de la Sección de Talara del Partido Nacionalista Libertador! Los ajetreos provocadores de Iparraguirre terminaron, no en el esperado levantamiento “salvador", sino entre las cuatro paredes de una comisaría". [1] En 1956, al iniciarse la época de convivencia del APRA con la oligarquía pradista, el Secretario General de dicho partido Ramiro Prialé, declaró a la revista norteamericana Time, el cambio del Programa original de Haya de la Torre. Sobre el primer punto dijo:. “Nosotros distinguimos ahora entre el capital de los Estados Unidos que como es sabido, lo ne­cesitamos y la explotación capitalista que rechazamos”. Sobre Unidad de América Latina: "Nosotros consideramos ahora una utopía la unidad política de América Latina". Sobre la nacionalización de tierras e indus­trias dijo: "Ahora pensamos que sólo se deben nacionalizar los servicios públicos". Respecto a la internacionalización del Canal de Panamá, respondió: "Hace tiempo que hemos descartado la idea de la internacionalización del Canal de Panamá". Sobre el último punto afirmó: Por supuesto, todavía sostenemos la solidaridad con los pueblo y desposeídos (Revista Time, New York, 30, de julio de 1956. Edición latinoame­ricana)


APRA: FRENTE DE TRABAJADORES MANUALES E INTELECTUALES

El APRA :Alianza Popular Revolucionaria Americana se formó en 1924, como un movimiento antiimperialista de intelectuales y estudiantes. Se organizaron núcleos antimperialistas de peruanos resi­dentes en diversos países. (México, Francia, etc.). Al principio no era ,un partido sino un frente, que unía elementos de diversa procedencia, muchos de ellos deportados o perseguidos, con el denominador común luchar contra el antiimperialismo y lograr una renovaci6n social. Incluso contó con las simpatías de marxistas conven­cidos como José Carlos Mariátegui. Pero después se separaron los caminos, cuando el grupo de intelectuales capitaneado por Haya de la Torre aclaró que no deseaba seguir el camino del proletariado sino el camino del electorerismo burgués, para lo cual destruyó el frente y creó, sobre sus ruinas, un partido opor­tunista. . Hacía pocos años que había terminado la mons­truosa primera guerra mundial entre los países imperialistas Más pe 10 millones de hombres habían muerto en aras de los intereses hegemónicos de los grandes grupos capitalistas de los países imperialistas. Los pueblos expresaban su indignación y repudio y su ansia de vivir en paz en una sociedad más justa y hu­mana. La mayoría de los intelectuales se hacía eco de este clamor popular y se orientaba hacia posicio­nes revolucionarias, o cuando menos progresistas. Hacía poco tiempo también que había triunfado la Revolución Socialista en Rusia, instaurando el Po­der de los Soviets, poder de los trabajadores. Los explotados y oprimidos de todo el mundo miraban ansiosamente la heroica epopeya del pueblo ruso y del Partido Bolchevique, y se sentían subyugados por 1a electrizante personalidad de Lenin. Una ola revolucionaria recorría el mundo. Se desarrollaban grandes luchas proletarias, surgían pode­rosos movimientos de liberación nacional en los países coloniales y dependientes, se extendían 1as actitudes re­volucionarias, democráticas y progresistas entre los intelectuales. En América Latina se agigantaba la lucha contra la política agresiva del imperialismo yan­qui. La Revolución Mexicana de 1910- 1911 desper­tó la conciencia de los elementos revolucionarios y progresistas, por su valiosa experiencia de lucha arma­da campesina. En el Perú libraban grandes batalla la clase obrera, los campesinos, los estudiantes y la intelectualidad democrática. Las ideas renovado­ras encontraban terreno fértil para su difusión. El marxismo suscitaba el interés de los sectores más avanzados. En aquel momento, de ascenso de las luchas de masas, el naciente aprismo no podía sustraer­se al influjo de las ideas revolucionarias, aunque no las abrazase sincera y totalmente. Los fundadores del aprismo se declararon marxistas. En su viaje a la joven República Soviética,. el entonces joven y fogo­so estudiante Víctor 'Raúl Haya de la Torre tuvo frases encendidas de elogio y apoyo a la Revolución Socialista, a los bolcheviques y a Lenin. El aprismo en su etapa inicial de "frente am­plio", del 24 al 27 aproximadamente, se podría con­siderar como un movimiento de intelectuales proce­dentes de las capas medias e incluso de algunas fami­lias aristocráticas disminuidas en su fortuna. Esto influyó en su posterior evolución, impidiendo la asimilación del espíritu y la esencia del marxismo leninismo. Las vaci­laciones de la pequeña burguesía entre la revolución y la conciliación de Clases, entre el proletariado y la burguesía, condujeron al aprismo a una política cada vez menos revolucionaria y más reformista. El "revo­lucionarismo" inicial fue palideciendo y bajo el pre­texto de la "táctica" que les permitiera "avanzar", especialmente por el camino electoral, fue cediendo terreno a los elementos burgueses.Se deslizó gradualmente a posiciones reacciona­rias y posteriormente aun franco anticomunismo. Se manifestaron las divergencias del aprismo con)a orien­tación proletaria revolucionaria del marxismo leninis­mo. José Carlos Mariátegui manifestó sus discrepan­cias con Haya de la Torre, separándose los caminos

PROGRAMA MÁXIMO DEL APRA


1) “CONTRA EL IMPERIALISMO YANQUI” (¿Y el inglés? Es fuerte todavía) 2) “POR LA UNIDAD DE AMERICA” (¿Qué cla­ses de la América?) 3) “POR LA NACIONALIZACION DE LA TIERRA Y LA INDUSTRIAL”
4) “POR LA INTERNACIONALIZACION DEL CA­NAL DE PANAMA” 5) “EN FAVOR DE TODOS LOS PUEBLOS OPRI­MIDOS DEL MUNDO” Antes que nada, hagamos constar que estas cinco generalidades son más o menos repetidas desde hace mucho tiempo por todos los que lu­chan contra el imperialismo. No solo no ameritan del valor de originalidad que ellos voci­feran como programa salvador y "genial", sino que los que hasta ahora han tratado el problema del imperialismo en América han dado siempre soluciones más concretas y prácticas que estos cinco "postulados". Ingenieros, Ugarte -entre los intelectuales- han sabido estudiar el impe­rialismo mucho antes que el " ARPA" sonara. La Unión Latino-americana tiene un programa si­milar desae 1923, y los libros de Ugarte y los es­critos de Ingenieros, a pesar de los ataques de "intelectualismo", ataques lanzados por los "ar­pistas" para aparecer ellos como únicos salva­dores, han sido más útiles que todos los discur­sos retóricos, actitudes teatrales y manifiestos so1emnes de los jóvenes mesías "apristas". "Se había enunciado el hecho económico del imperialismo, pero no sus características de cla­se y la táctica de lucha para defendemos de él". (¿"Qué es el "ARPA"?, por Haya de la Torre"). Solamente intelectuales aislados de la masa obre­ra y del movimiento revolucionario de la Amé­rica y del mundo pueden afirmar esto con tanta desvergüenza e impudor intelectual. ¿Acaso todos los revolucionarios son los grupitos de estudian­tes que se atribuyen la redención del mundo y van al proletariado no como luchadores, sino como "maestros" y "guías" ¿Acaso no se escri­bió: "El Imperialismo, Ultima Etapa del Capi­talismo en el año 1916? ¿Acaso no existían par­tidos proletarios en la América del Sur, Central y Antillas, antes de que el APRA naciera a la vida de los divisionistas del movimiento obrero re­volucionario? Acaso porque los apristas ignoren la tesis de Lenin para el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, éstas no fueron es­critas en 1920 y determinaron claramente el ca­rácter y las tácticas de la lucha antiimperialista?. Todavía más; estos postulados, que son una cosa "original y salvadora", están ya en la Constitución de 1917 y el pueblo mexicano ha estado luchando por ellos desde hace tiempo. Los artículos 27 y 123 -más revolucionarios que toda la palabrería aprista" la llamada "doc­trina Carranza", nos hablan en la América con el lenguaje de la acción práctica, no con verba­lismo intelectualista, de nacionalización de tie­rras e industrias, de solidaridad latinoamericana, etc. Sin embargo, en el manifiesto inaugural de esa sociedad de parvulitos de la revolución se afirma, sin que los autores se sonrojen, lo si­guiente: "De las Universidades Populares Gon­záles Prada del Perú, surgió una nueva interpre­tación del problema y especialmente de la forma de acometerlo". Hasta ahora tampoco vemos esa acometividad, a menos que las palabras y los retratos sean acometividad. La mentira no pue­de llegar hasta donde los "apristas" desean y en­tonces tienen que confesar: La Liga Antiimpe­rialista fue el primer paso concreto hacia la Unión del Frente Único de Obreros, Campesinos y Es­tudiantes". Nada más que una orga­nización, fundada en México por un grupo de revolucionarios e intelectuales de vanguardia y ex­tendida rápidamente por todo el Continente, de­be haber sido también obra de las Uni­versidades Populares Gonzáles Prada. La Liga Anti-imperialista no enunció un programa político esta mentira la afirma todo un intelectual que se dice marxista y que se su­pone ha leído los números de "EL LIBERTADOR" donde se desarrollaba el programa de la "Liga Antiimperialista". Lo que la Liga no ha hecho es proclamarse "Partido Continental", o locuras por el estilo. En la Liga han habido y hay revolucionarios de ex­periencia que no temen a los imperialistas, pero si al ridículo, y por eso no levantan organizacio­nes fantásticas con unos cuantos nombres ni se olvidan de lo que es América ni el primer cuar­to del siglo XX, para creer que un partido polí­tico continenta1, organizado desde un conforta­ble estudio, sea realidad por el simple hecho de existir en la imaginación de un iluso. Pero las Ligas Anti-imperialistas, que hoy los "apristas" atacan, después de haber sido hasta ayer sus de­fensores y participantes, son como dice el mismo Haya de la Torre, "el primer paso concreto”. No­sotros añadimos: el único concreto y práctico hasta hoy. El Programa merece todavía un análisis desde otro punto de vista, fuera del carácter sensacional que le han querido atribuir sus autores quienes juran que es "marxista". Este "mar­xismo" es una forma de llamarse "socialistas científicos" sin que se les pueda colgar el sambe­nito de comunistas o socialistas revolucionarios. Sin embargo vemos que no hay nada más alejado del marxismo verdadero que el "APRA" y sus "teorías". Aquí solamente unas cuantas palabras. En el programa marxista, enunciado desde 1847 por Carlos Marx y Fede­rico Engels -el "Manifiesto Comunista"- no se hablado "nacionalización" en abstracto ni de so­lidaridad en general. Se nos dice bien claro que se trata de la “organización del proletariado” Como clase que llevará a la destrucción a la burguesía y la conquista. del poder político por el proletariado, Luego la abolición de la propiedad privada. Marx y Engels, como luchadores del proletariado, no necesitaban engañar a nadie para escalar el poder. Ellos siempre permanecieron en la edad vi­ril en que, según el renegado italiano Papini, se coge al toro por los cuernos y se llama las cosas por su nombre. Cuando los comunistas rusos, reali­zadores del marxismo, tomaron el po­der, socializaron inmediatamente la tierra y las fábricas, organizando la producción socialista.

FORMACIÓN DEL APRA COMO PARTIDO


La crisis económica y política de los años treinta permitió la formación y el desarrollo del Partido Aprista. Recordemos que Haya de la Torre había formado La Alianza Popular Revo­lucionaria Americana en 1924, no como un partido, sino como un Frente anti­imperialista. Pero había planteado, a partir de 1927, la transformación de este frente en partido, bajo la dirección política de las clases medias y con un programa de reformas nacionalistas. Además, Haya de la Torre manifestó, su intención de no establecer ninguna relación con la Tercera Internacional y empezó a criticar dura­mente a los comunistas. Vimos cómo el grupo de Mariátegui expresó su discrepancia con la transformación del APRA en Partido y, separándose explícitamente de Haya, se dedico a formar el Partido Socialista, con la intención de proporcionar al proletariado y al campesinado peruano un instrumento político propio de clase. Entre 1928 y 1930, la mayoría de los partidarios apristas se habían dispersado. . Haya de la Torre retomó su proyecto de impulsar la creación de un partido propio en 1930, aprovechando la crisis política de las clases dominantes para intentar tomar el poder a través de las elecciones. El Gobierno de Sánchez Cerro tuvo que afrontar una serie de sublevaciones militares y, a principios de 1931, renunció. Se sucedieron varios gobiernos provisio­nales, llamándose finalmente a elecciones. Haya de la Torre desde su exilio, lanzó su candidatura. También lo hizo Sánchez Cerro. Empezó una campaña electoral muy agitada. El crecimiento del Apra y su Programa de Acción Inmediata atemorizaron fuertemente a todos los sectores de derecha. Aun los anti-Sánchez-Cerristas de derecha dieron sus votos a Sánchez Cerro, por considerarlo finalmente como un "mal menor" frente a lo que llamaban las "hordas populares". Consideraban que el Apra era igual que el comunismo. Ello demuestra que en el Perú no existía una burguesía nacional pujante y progresista interesada en reformas y en un gobierno nacionalista como lo proponía el Apra. Los principales capitales nacionales pertene­cían a la burguesía exportadora y oligárquica, cuyos intereses se entrelazaban íntimamente con los de la burguesía imperialista. La industria, además de ser muy limitada, dependía sobre todo del capital oligárquico-imperialista. Por lo tanto, la burguesía en el Perú buscaba fundamentalmente conservar el orden oligárquico y la dependencia del imperialismo. Los sectores de la burguesía que ten ían ci!'nta apertura hacia los cambios eran muy débiles económica y políticamente. Por lo tanto, el programa político del Apra se apoyaba sobre todo en los sectores medios: pequeños propietarios y pequeña burguesía afectados por el monopolio de la oligarquía y de los capitalistas imperialistas. Éste programa recogía, también varios intereses de los obreros y campesinos. En suma, el Apra representaba un movimiento poli clasista de tipo "popular", anti-oligárquico y nacionalista. Pero es importante precisar que este movimiento excluía explícitamente el desarrollo político y autónomo de clase del proletariado obrero y campesino que participaban en él. En este sentido, el aprismo de estos años puede ser considerado como un movimiento populista radica/ pero no como un movimiento popular clasista . El Apra apuntaba a un capitalismo nacional y no al socialismo.

AÑO DE LA BARBARIE Y REPRESION


Las bases apristas de La Libertad asi­milaron su frustración, adquirieron experiencia política y sus más lúci­dos dirigentes obreros penetraron en la verdadera ideología de los Iíde­res del partido. Resolvieron, pues, hacer su propia revolución, por su cuenta y riesgo, sin la autorización del comando partidario si fuera preciso. Era la época en que más fuertemente se dejaba sentir la crisis mundial que incidía tercamente en los precios del azúcar, principal pro­ducto de exportación de la región norteña y la base de su economía regional. La desocupación que aumentaba sin cesar fue, sin duda algu­na, la razón económico-social principal de la sublevación. Por otro lado, la represión del gobierno era inclemente. La masacre de la noche de Navidad, la sublevación de la marinería, la detención de los parlamenta­rios apristas, por fin la prisión del jefe del partido, eran motivos más que suficientes, de tipo partidario, para que los apristas desearan la revolución, única salida que se veía en esos momentos. Haya de la Torre se alarmó al saber de aquellos preparativos. Orde­nó detenerlos, diciendo a los conspiradores que debían esperar la lle­gada de un oficial del ejército que se había comprometido con el parti­do para encabezar una revolución militar. Pero las masas respondieron negativamente. No tenían confianza en los militares. Los obreros de las haciendas cercanas a Trujillo, bajo la conduc­ción en su mayoría aprista y tomaron contacto con sus compañeros del cuerpo acanto­nado en Trujillo para acordar un plan revolucionario: sublevarse, embarcar a Haya de la Torre, proclamarlo Presidente de la República. En tal situación estimaban los conspiradores, Haya podría dirigir la revolución en todo el país, con el apoyo del partido. Una revolución hecha por marineros, obreros y soldados debió espantar al jefe del Apra. A pesar de la extracción social de los sublevados, el movimiento habría tenido la orientación pequeñoburguesa que le habría dado el jefe del partido, mas, para el mundo exterior habría sido la repetición de la revolución bolchevique de 1917. Este mundo no habría comprendido en el primer momento la diferencia existente entre el partido bolchevique en Rusia, vanguardia política del proletaria­do, y el Apra en el Perú, partido pequeñoburgués por excelencia. Sin embargo, Haya no se atrevió a negarse, prefirió recurrir al engaño. Aprobó la operación pro­puesta, pero no concurrió a la cita para embarcarse y tomar el mando de la revolu­ción. Al día siguiente, al ser interpelado por marineros y soldados, aseguró haber estado presente en el lugar de la cita, siendo desmentido por quienes sí estuvieron en el lugar indicado, a la hora precisa. En esta operación no había ningún oficial que pudiera controlar a la tropa que habría seguido, según Haya, sus propias con­cepciones clasistas. Haya negó, como en otras ocasiones, su apoyo a todo movi­miento de origen popular. La revolución de Manuel Barreta, el "Búfalo", que "actuó sin avi­sar al Comando Regional del Partido" se subleva­ron el 7 de julio de 1932. Tomaron por asalto el cuartel de artillería, el cuartel de la policía, la prefectura y otros centros del poder burgués. La ciudad de Trujillo, dominada ya, fue entregada a los dirigentes polí­ticos del partido, quienes no supieron qué hacer con el presente. El her­mano de Haya de la Torre aceptó el cargo de prefecto "como u n sacrifi­cio, dejando constancia de que aquello era una locura" Los dirigentes apristas, dueños del poder local, respetaron lo que quedaba del poder burgués, la prensa y las instituciones todas. No adop­taron disposición alguna encaminada a consolidar una posición tan gra­ciosamente obtenida, Se limitaron a buscar un militar para que "diri­giera las operaciones", pero en esencia, para que asumiera una respon­sabilidad que ellos no se atrevían a echar sobre sus hombros. Luego, cuando las tropas del gobierno se acercaban a la ciudad para debelar la rebelión, las autoridades apristas se negaron a proporcionar los me­dios necesarios a los dirigentes que pretendían salir a contener a dichas fuerzas. Lo hicieron con los medios de que pudieron disponer. El ofi­cial que encontraron, un capitán que andaba suelto por la ciudad, se contentó con distraer a las masas apristas en abrir trincheras "para de­fender Trujillo". En su descargo este capitán había de declarar: "Toda la potencia, toda la fuerza bruta de la multitud en esa hora que había sido señalada para dar el asalto a los conventos, a las "iglesias y a las casas particulares, fue dedicada a construir trincheras". El militar se dedicó, pues, a proteger a la burguesía de las supuestas iras del pueblo, actitud que satisfizo mucho a la dirigencia aprista. El partido tampoco adoptó medidas en el resto del país para apo­yar una revolución triunfante en una zona típicamente aprista, que podría haber servido como formidable base de operaciones para una guerra civil. Pero los líderes apristas tampoco habrían podido hacerla, lo cual habría significado una traición a la pequeña burguesía cuyos intereses defendían; prefirieron traicionar a las bases populares. Los líderes, en función de sus intereses pequeño burgueses se negaron a seguir el camino revolucionario que les señalaban los engañados campesi­nos y obreros de La Libertad. Se prefirió el modelo de dominación im­puesto por el jefe del partido, verdad que a un alto costo político. Los movimientos populares siempre estuvieron proscritos en el partido. La sublevación de Jiménez Con la experiencia de Trujillo los dirigentes nacionales del Apra se volvieron más cautelosos, llegando a la conclusión que, de ningún modo, podrían contar con las bases del par­tido, pues éstas ten ían su propia dinámica, sus propias concepciones revolucionarias y escaparían al control de la jefatura si no se les impo­nía un mando militar. Como el partido deseaba llegar al poder de todos modos, resolvieron implementar su nueva concepción política, como lo habían intentado ya en 1931: captura del poder por los militares, mien­tras mayor fuera su jerarquía, mejor, a las que el partido prestaría su apoyo, vale decir, el "calor popular", que es lo único que piden los mili­tares dueños de la fuerza, instalación de una junta militar que convocara a elecciones generales de todos los partidos, en las que los líderes apris­tas tenían la seguridad de triunfar. El poder así alcanzado, sin la inter­vención partidaria de sargentos o soldados, ni elementos populares, permitiría al Apra gobernar de acuerdo con el imperialismo yanqui, con los sectores burgueses que de él dependen, y poner en practica su pro­grama reformista. Se suponía que el ejército, tan ligado como se encon­traba a los intereses imperialistas, prestaría igualmente su apoyo. En 1932 el partido tomó contacto con el teniente coronel Gustavo Jiménez que se comprometió a conducir un levantamiento militar con apoyo aprista. Así sucedió, en efecto. Después del fracaso de Trujillo, Jiménez fue ayudado por el Apra a ingresar en el país y llegar a la base de operaciones que se había elegido: Cajamarca, lugar donde se produjo la insurrección de un cuerpo de infantería. El regimiento marchó sobre Trujillo: pero el apoyo ofrecido no se produjo. Cuando Jiménez tam­poco obtuvo el apoyo de otras unidades militares como ,esperaba, se quitó la vida. La sublevación de Jiménez fue un rotundo fracaso, que costó la vida a varios oficiales que fueron fusilados y muchos más sufrie­ron penas de prisión. Sólo un aprista fue condenado a muerte por ha­ber servido de secretario al comandante Jiménez. Se cumplió en esta forma lo previsto por Haya de la Torre: "Si el movimiento militar de un amigo nuestro triunfa, seremos nosotros los vencedores; si fracasa serán los militares los perdedores. “El partido quedará a salvo". Según investigaciones realizadas (véase Villanueva 1975: 134-139) las bases apristas en la zona de operaciones, con las que los dirigentes del partido contaban, se negaron a colaborar en un movimiento militar. Temían que este tipo de revolución no beneficiara a la clase trabajadora y fuera sólo un cambio de personas en el gobierno. Pero el jefe del par­tido, a pesar de esta nueva experiencia, nunca había de autorizar un movimiento netamente popular. Insistió en su esquema militar en 1937 con el teniente coronel Guerrero, con el general Rodríguez en 1939 y otros más del mismo nivel jerárquico. La sublevación de la armada.- En 1948 el partido aprista atrave­saba una aguda crisis política a la que no encontró otra salida que el golpe de Estado de acuerdo con el inamovible esquema. Convino con un general para que éste se sublevara con la división a su mando en la guarnición de Lima; el partido le prestaría todo su apoyo y el calor popular" de su militancia. El general aceptó el encargo pero no movió un dedo, esperando que el partido pusiera en sus manos los medios ne­cesarios para la sublevación, pues la unidad que comandaba lino le obe­decería". El partido aprista disponía de una organización paramilitar estruc­turada específicamente para actuar en un movimiento revolucionario de tipo urbano. Dicho aparato, conformado por los militantes más ague­rridos, veteranos de Trujillo y otras acciones, fue puesto a disposición del general, como "elemento auxiliar" según el jefe del partido. El "Co­mando de Defensa", que así se llamaba la organización, a base de estu­diantes, dirigentes sindicales y obreros, había estableció relaciones de colaboración y prácticamente una alianza clasista con sectores subalter­nos de las fuerzas armadas, suboficiales, sargentos y soldados, del mis­mo origen social que los primeros, organizados en células en las distintas unidades y reparticiones militares, circunstancia que fortaleció bastante la organización defensista y aumentó sus posibilidades insurreccionales. Pero el general, con un concepto demasiado ortodoxo-militar y mentali­dad pequeño burguesa, lo consideró insuficiente para alcanzar éxito en un movimiento revolucionario, mejor dicho, consideró peligroso actuar con tal tipo de organización. Como el jefe del partido viera la inoperancia del general, y com­probara asimismo el volumen que estaba adquiriendo la organización defensista, como presumiera también la posibilidad de que pudiera actuar por cuenta propia, escapando al control del partido, tomó sus precauciones. Buscó el apoyo de otros generales, en alianza de clase también, uno de los cuales le ofreció dirigir un movimiento militar y atenerse al ya clásico esquema hayista. Sin embargo, su obvia intención fue la de penetrar en el aparato conspirativo del Apra para poder con­trolarlo. Este propósito debió de suponerlo al jefe del partido, pero aceptó la colaboración ofrecida. Serv ía a sus planes para impedir un movimiento popular. Había, pues, coincidencia de intenciones entre el nuevo general y Haya de la Torre. Como se podrá ver, fueron dos alian­zas las que se produjeron entre el partido aprista y los elementos mili­tares, de tipo clasista, que habrían de luchar entre sí. Al percibir el Comando de Defensa el giro que estaban tomando los acontecimientos, al comprobar luego que el nuevo comando militar no tenía la menor intención de actuar, resolvió intervenir en forma independiente, adoptando el nombre de Comando Revolucionario (CR), 'bajo el mando de unos pocos oficiales de las fuerzas armadas. En la madrugada del 3 de octubre de 1948, la escuadra se sublevó en la rada del Callao y cumplió en forma eficiente todas las tareas que se había impuesto. Pero, en tierra, los rebeldes no pudieron actuar en igual for­ma. Los líderes apristas desmovilizaron las diversas concentraciones de masas tanto en el Callao como en Lima, recurriendo a diversos engaños. Tampoco pudieron actuar, debido a la misma circunstancia, las células militares, sobre todo porque no se presentaron los civiles, ya desmovilizados. El movimiento fracasó traicionado por la dirigencia aprista. La resistencia de la escuadra duró dos días y fue al fin dominada por las tropas gobiernistas. En la lucha de clases de la que esta sublevación fue una manifestación auténtica, triunfó la dirección pequeño burguesa del Apra con la colaboración de las altas clases del ejército. Su éxito lo pagó a un precio muy elevado. El partido fue declarado fuera de la ley, perdió sus mejores cuadros revolucionarios, se ralearon sus filas, todo lo que obligó al partido a acercarse más a .la alta burguesía oligárquica, apartándose más aún de sus bases populares. El. 13 de mayo de 1931, la FOLA realizó una asamblea general que acordó expresar la protesta de los trabajadores por el encarcelamiento y las torturas de un obrero, pidiendo la destitución del responsable, el sub-prefecto. La prefectura respon­dió en forma, autoritaria y descortés. Frente á ello, la FOLA acordó la realización de un paro general de 24 horas y un mitin de protesta. Se movilizaron los ferroviarios, gráficos, trabajadores de mercado, etc. La policía trató de disolver el mitin con las armas, matando a un obrero e hiriendo a varios manifestantes. Este hecho enardeció a la multitud que llegó a la prefectura y la destrozó. El prefecto fue destituido y el sub-prefecto que había herido a Moliendo, fue reconocido y arrojado al mar atado a un riel. Las nuevas autoridades acordaron la libertad de los presos y cedieron a varias exigencias de los trabajadores. Sin -embargo, inmediatamente des pues, la FOLA fue perseguida y prácticamente disuelta.

EL VIRAJE DEL APRA

Cuando el APRA hizo publico en las Américas, su plan para la afirmación de la democracia, fechado en Lima, el 23 de mayo de 1941, el lenguaje era distinto al de 1928. Había tomado partido no al lado de la democracia en general, sino al lado del imperialismo norteamericano. Según el APRA el peligro para nuestros pueblos no es el imperialismo sino el totalitarismo, definido este como lo opuesto a la democracia yanqui. Encubriendo el carácter de la dominación imperialista, propone únicamente cambiar los gobiernos totalitarios por gobierno democráticos sin modificar la estructura social, sin cambiar la sociedad, la economía y el estado. En 1928 Haya decía que la tarea de un partido antiimperialista es en primer lugar afirmar la soberanía nacional; pero en 1956 indicaba que la primera noción jurídica americana por revisar esa la soberanía, este es un concepto copiado e importado de Europa, este concepto es antagónico con la doctrina aprista que predicaba una confederación latinoamericana. El argumento de este intervencionismo era que las dos guerras mundiales fueron iguales en su contenido, lo cual es una falsedad, pues la primera guerra fue ínter imperialista por el reparto del mundo y la segunda iniciada como antiimperialista se convirtió en antifascista., además que ambas implicaron violación de soberanías y emplearon la violencia armada para imponer su política hegemónica. Los tres años del gobierno de Bustamante(1945-1948) representan un momento crucial en la vida política del país. El partido aprista fue la principal fuerza política popular que llevo a Bustamante a la presidencia de la republica, el frente democrático con su candidato José Luís Bustamante y Rivero e influido por el para este frente adopto el programa económico que buscaba crear un congreso económico, el APRA al salir de la clandestinidad en 1945, realiza un gran mitin y apoya a la elección de Bustamante dándole sus votos. En este gobierno crearon algunas corporaciones nacionales de desarrollo y afecto esto a los terratenientes, burguesía agro exportadora y las empresas imperialistas, estas atacan a Bustamante acusándolo de débil frente al APRA, y Bustamante acusaba al APRA de fomentar las huelgas y el desorden social. Luego Bustamante intento frenar la movilización obrera usando tanto la división sindical y la pugna entre comunistas y apristas. El APRA desarrolaria luego una fuerte campaña anticomunista. En 1948 el partido aprista atraviesa una aguda crisis política que no encontró otra salida que el golpe de estado de acuerdo con el inamovible esquema. Convino con un general para que se subleve y el partido le prestaría todo el apoyo, pero el general con un concepto demasiado ortodoxo-militar y mentalidad pequeño burguesa lo considero insuficiente para hacer un golpe, recordando que el APRA tenía toda una organización para militar, pero el general desconfió de esta. Luego otro general acepta dirigir para penetrar en el aparato conspirativo aprista, peor el movimiento fracaso traicionado por la dirigencia aprista esto implico un triunfo de la dirección pequeño burguesa del para con la colaboración de las altas clases del ejército. Después de esto el partido fue declarado fuera de la ley y perdió a sus mejores cuadros, y obligo acercarse mas a la alta burguesía oligárquica apartándose mas de sus bases populares En el segundo gobierno de pardo de 1956 a 1962, el proletariado se aleja de la dirección aprista y se acerca a los planteamientos clasistas de la izquierda, a medida que se demuestran los límites de la política aprista de convivencia y el fracaso de la republica reformista de Belaunde. Prado representa a un sector de la oligarquía peruana entro en contradicción con las clases dominantes tradicionales intentaron salvaguardar sus intereses además las fracciones progresistas de la burguesía nacional industrial. Para hacer frente a esto Prado jugo la carta de alianza con el APRA, dándole concesiones, y luego de 8 años vuelve a la escena política no clandestina. El regimen se sirvió del APRA para encausar los movimientos populares especialmente los sindicales buscando encausarlos a una línea de conciliación. Esta convivencia constata el viraje, además el para apoya a la política norteamericana en América Latina y su cruzada anticomunista a nivel mundial, incluso algunos voceros norteamericanos recomendaban una alianza con el APRA. Con estas concesiones el APRA reestablece su aparato político fortaleciéndolo y se vuelve a la primera plana.

EL APRA LUEGO DE 1940


En las elecciones de 1939 resultó electo Manuel Prado, representante de sectores más modernizantes y liberales de las clases dominantes. Su elección determinó algunos cambios en el plano interno e internacional que no llegaron a cuestionar el ordenamiento social y político imperante. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial la política peruana estaba claramente influenciada por la situación de enfrentamiento entre los dos grandes bloques que pugnaban en la contienda: “Los Aliados” y “El Eje”. El régimen de Prado, claramente identificado con los aliados, desarrolla una política de mayor subordinación al gobierno norteamericano, tanto en el plano económico como en el político. La represión al movimiento popular disminuyó y se otorgaron ciertos márgenes de actuación a las fuerzas democráticas y populares en el terreno sindical y político.Por su parte el Partido Comunista y el APRA rebajaron su beligerancia otorgando incluso un tácito respaldo al régimen, en tanto se encuentra enfrentado al fascismo. En el período gubernamental de Manuel Prado se incrementó la actividad industrial en íntima relación con el capital monopólico estadounidense y el sector exportador. Se instalan empresas como la Goodyear y otras industrias intermedias de fertilizantes e insecticidas en función del desarrollo del sector agroexportador.242 La relación estrecha entre este último sector y el sector industrial se demostró debido a que de 1941 a 1943 Luis Miranda de la Grace fuera, al mismo tiempo, vicepresidente de la Sociedad Nacional de Industrias y Presidente de la Sociedad Nacional Agraria.243 Este proceso de penetración del capital norteamericano, mediante la generación de industrias cuya producción estaba orientada a la exportación, va a sentar las bases para el nacimiento de una sociedad capitalista dependiente que va encontrar resistencia en lo político por los sectores tradicionales, oligárquicos, cuya riqueza estaba vinculada más con la tierra que con la industria. Esto produjo confrontaciones o contradicciones inevitables; la oligarquía se resistía al cambio, pues tenía miedo de perder sus privilegios, principalmente el referido al poder político el cual habían usufructuado desde la colonia con cambios no fundamentales, sino cosméticos. El capitalismo y, principalmente, el imperialismo norteamericano tendrá que entender esto —pues son sus aliados naturales— y evitar de ese modo un rompimiento traumático en las estructuras de poder. Al mismo tiempo la creciente movilización popular y de sectores medios en contra de la dominación oligárquica, la derrota del fascismo y el ascenso de las democracias liberales en el plano internacional obligaron a las clases dominantes peruanas a ceder temporalmente el gobierno ante el resurgimiento y empuje de las fuerzas democráticas.Con el triunfo electoral del Frente Democrático Nacional (1945), que llevó a José Luis Bustamante y Rivero a la Presidencia de la República, se inaugura un período democrático de tres años que significó un clima de libertad hasta entonces desconocido en la vida política del país. Convergen en el apoyo a Bustamante el Partido Aprista, el Partido Comunista, el Partido Descentralista, el Partido Socialista y otras fuerzas menores. Los dos primeros, en situación de ilegalidad, se presentaron a las elecciones con otros nombres: Partido del Pueblo y Vanguardia Socialista, respectivamente.El gobierno de Bustamante y Rivero intentó producir algunos cambios en el país utilizando los mecanismos institucionales. Las principales fuerzas que apoyaron a Bustamante coincidieron en priorizar la estabilidad de la democracia parlamentaria por sobre los propios cambios que pudieran producirse. El Partido Aprista subordinó sus antiguos planteamientos a cambio de conseguir la legalidad y, con ella, la posibilidad de llevar a su jefe Víctor Raúl Haya de la Torre, a la Presidencia de la República. Pero las demandas-exigencias del movimiento popular, que tras varios años resurgió con fuerza, van a afectar las bases mismas de sustentación del orden oligárquico. La lucha popular termina desbordando la capacidad de dirección y genera contradicciones al interior del monolítico partido aprista.244 La contradicción existente entre la dirección objetiva del movimiento de masas —que se extiende esta vez hacia sectores del agro peruano— y la orientación de sus principales dirigentes crean situaciones de impases políticos para el movimiento popular. A decir de Cotler: “Pero estas exigencias populares, al atacar las bases mismas del poder de los propietarios nativos y de los enclaves, creaban una situación imposible de resolver políticamente, tal como los ulteriores acontecimientos se encargaron de demostrar. Así, una vez más, se destacó el conflicto entre el carácter liberal de la dirección del partido y las tendencias revolucionarias de la masa aprista, que anhelaba sacudirse de una vez por todas de la dominación oligárquico-imperialista”.245 El auge de las luchas del movimiento popular, así como las medidas que intentó e inició el gobierno de Bustamante —control de cambios y proceso de democratización básicamente— provocaron la reacción de las fracciones oligárquicas que, sintiendo amenazado el sistema de dominación política, inician las contraofen-sivas impidiendo el funcionamiento del Poder Legislativo. Por primera vez las fuerzas democráticas se “expresan” mediante el Poder Ejecutivo. En el parlamento, sin embargo, la correlación de fuerzas es favorable a las fuerzas oligárquicas. Ello determinó un hecho nuevo en las relaciones Ejecutivo-Legislativo: ambos poderes representan fuerzas sociales contradictorias. Las fuerzas oligár-quicas utilizan el parlamento como trinchera para obstruir y boicotear la acción del Ejecutivo; esto generó serios impases imposibles de solucionar por la vía constitucional.La crisis política trasciende las instituciones del Estado. El movimiento popular, revitalizado, plantea un conjunto de demandas democráticas y de mejoramiento de sus condiciones de vida. Las bases del Partido Aprista presionan a su dirigencia por el cumplimiento de sus objetivos pragmáticos iniciales. Se desarrollan las contradicciones al interior de las fuerzas democráticas y el Partido Aprista produce un segundo intento insurreccional. Las fuerzas oligárquicas recurren nuevamente al ejército y a la violencia institucional. Bustamante es derrocado por un golpe de Estado (1948) que lleva al general Odría al gobierno. El ejército gran dirimente de los conflictos, sale nuevamente en defensa de las fuerzas oligárquicas amenazadas. Otra vez, el ejercicio sistemático de la violencia desarticula por varios años la capacidad de respuesta de las fuerzas democráticas y el movimiento popular.El período de Odría significó la readecuación del país a las exigencias del capital norteamericano en función de las nuevas condiciones internacionales e internas. Se alentó e impulsó la inversión extranjera y norteamericana, en particular, la misma que alcanzó cifras antes desconocidas. Estas inversiones significaron un impulso al “desarrollo capitalista” sin producir cambios fundamentales en sus modalidades concretas de desarrollo. Aunque la actividad industrial se incrementó de manera significativa, ésta estuvo estrechamente ligada a la exportación y a la penetración del capital extranjero, desempeñando un papel fundamentalmente complementario y no antagónico al “modelo” exportador. Este último se vio fuertemente fortalecido por la política desarrollada por el gobierno de Odría.246 Algunos datos pueden ilustrarnos lo que acabamos de decir. Así, de 1950 a 1960 la industria manufacturera creció en el 62%; mientras la minería lo hizo en 172% y el sector exportador, como un todo, tuvo en el mismo período un crecimiento acumulado de 337%.247 Todo ello fue posible por las enormes facilidades otorgadas por los nuevos dispositivos legales a las inversiones extranjeras especialmente con relación a las actividades de exportación.En 1950 se promulgó el Código de Minería; en 1952, la Ley de Petróleo y en 1955 la Ley de la Electricidad, todas ellas destinadas a facilitar y favorecer el ingreso del capital extranjero en el país. El Código de Minería, entre otras concesiones, suprimió el impuesto a la exportación, exoneró a las empresas concesionarias del pago de derechos por la importación de equipos. Asimismo, exoneró al concesionario hasta con el 50% de los impuestos a las utilidades, instituyendo la llamada Reserva por Agotamiento, y poniendo de este modo la riqueza minera del país enteramente en manos de las empresas extranjeras. En diciembre de 1951, de acuerdo con dicho Código, se firma el Contrato de Marcona (explotación de cobre a tajo abierto en la mina más importante de ese mineral, necesario para procesar material de guerra) en condiciones sumamente onerosas para el país.248 La guerra de Corea estaba ad portas, se habían dado hostilidades en Laos y Camboya. El cobre era necesario para una economía de guerra, así como para el armamentismo como política para reactivar el aparato productivo en los Estados Unidos. Las inversiones norteamericanas en minería, alentadas por las excelentes condiciones, crecen vertiginosamente. Entre 1950 y 1965 las inversiones directas de los Estados Unidos en minería se incrementaron en un 379%. El impulso a la minería para la exportación fue acompañado por la diversificación de las inversiones de las empresas extranjeras y de la burguesía exportadora hacia actividades industriales conexas. Al respecto, es interesante observar la ampliación industrial de la Cerro de Pasco Corporation que incluía empresas para la producción en el país de una serie de insumos tales como el alambre de cobre (INDECO), billas (pequeñas bolas) de acero (MEPSA), explosivos (EXSA), entre otras.Estos cambios en la estructura productiva determinaron un incremento de las relaciones de intercambio acelerando el proceso de desintegración del mundo rural tradicional. Mientras en 1940 el porcentaje que la Población Económicamente Activa (PEA) en la agricultura era de 61% en 1961 este porcentaje disminuye a 49,8%. Por el contrario, el porcentaje de la Población Económicamente Activa no agrícola, en los mismos años, aumenta del 36,6% al 64,1%. Asimismo se produjo un acelerado proceso de urbanización. Mientras en 1940 la población urbana era el 26,9% de la población total, en 1961 este porcentaje aumenta al 40,1%.249 Este proceso de urbanización significó, fundamentalmente, una gran concentración de población en Lima y en las grandes ciudades, fruto de las grandes oleadas migratorias de la época. Según el censo de 1940 Lima tenía 645 172 habitantes, en 1956 esta cifra se eleva a 1 200 000, en 16 años la población de la gran Lima se había duplicado.250 En el marco de estas tendencias, durante el Ochenio de Odría se desarrolló con fuerza el fenómeno de la formación de las barriadas, alentadas por la política de obras públicas que imple-menta el gobierno. De 1950 a 1956 se forman en Lima 56 barriadas que albergan a 108 988 habitantes. La población de Lima, calculada basándose en el censo de 1940, era de 1 260 729 habitantes. Alrededor del 10% de la población de Lima habitaba en ese entonces en las barriadas. En Arequipa este porcentaje llegó a 13,45% y en Chimbote se elevó al 21,4%.251 La política de obras públicas, implementada por Odría, alentó estos procesos de urbanización. Al mismo tiempo la bonanza económica, consecuencia del incremento de las exportaciones, permitió la extensión del aparato estatal. A partir de la ampliación del sector servicios, el Gobierno de Odría consigue satisfacer, en lo inmediato, algunas demandas concretas de la población. Se llevan a cabo acciones de asistencia de salud y de vivienda para los pobladores de las barriadas apoyando, además, su reconocimiento legal. En 1951 se crea el Centro de Asistencia Social, encargado de estas acciones. Estas medidas permiten al gobierno conseguir una base social de apoyo importante en estos sectores de la po-blación; había inaugurado la política del clientelismo político paternalista de manera institucionalizada. La recurrencia al asistencialismo y a una política de tipo paternalista hacia los sectores marginales se combinó con la represión violenta y sistemática a los sectores más avanzados y organizados del movimiento obrero y popular.252 Bajo el régimen de Odría se desarrolló la represión más generalizada y sistemática que ha conocido el movimiento obrero y popular en ese período. El general Esparza Zañartu era conocido como Director y luego como Ministro de Gobierno debido a los arrestos y torturas de carácter político realizados bajo su dirección.253 No es casualidad la combinación de la violencia represiva con las concesiones económico-corporativas. Ambos métodos se presentaran como necesarios y complementarios para mantener el dominio oligárquico y del capital extranjero, frente a un movimiento obrero y popular que irrumpe contra él. Esta situación introduce modificaciones en la organización misma del aparato estatal y sus instituciones. Cobran importancia aquellos aparatos del Estado cuyas funciones estaban en relación con los llamados “servicios”: Salud, Vivienda, Educación, Transporte. Esto implicó, indudablemente, la ampliación de las funciones del Estado, así como de la burocracia a su servicio, situación que por otra parte fue utilizada para la neutralización y cooptación de sectores medios y de la pequeña burguesía.

EL APRA Y EL PODER: EL GOBIERNO DE BUSTAMANTE


El Apra y el poder (1945 -1948 ) :Los tres años del Gobierno de Bustamante (1945-1948) representan un momento crucial en la vida política del país. Este corto período de relativa democracia fue importante para el movimiento obrero y popular, permitiéndole consolidar su organización sindical y política. Fue también importante por ser un intento de quitar a la oligarquía su tradicional dominio sobre el Estado, abriendo el poder a nuevas fuerzas democráticas. Este intento no llegó a tener éxito. Nuevamente, la Oligarquía peruana logró formar un Frente anti-aprista y hacer intervenir a las Fuerzas Armadas. Con el Golpe de Odría, en 1948, el movimiento obrero y popular recayó bajo una dura represión y el Capital imperialista tuvo todas las puertas abiertas. El Partido aprista, que fue la principal fuerza política popular que llevó a Bustamante a la presidencia de la República, no pudo concretar su politica anti­-oligárquica, dado que la derecha bloqueó las instituciones democráticas. Salieron a la luz entonces las contradicciones al interior del Apra, entre los altos dirigentes, que buscaban una solución negociada por arriba a la crisis del poder, y los sectores más radicales del Partido, que querían implementar una línea insurreccional de masas y proponiendo la intervención de las fuerzas obreras y populares del Partido. Estas contradicciones llegaron a una primera ruptura en 1948, con hondas consecuencias sobre la dirección futura del movimiento obrero y popular. ' El Frente Democrático Nacional y el gobierno de Bustamante Como lo vimos antes, a fines de la, segunda guerra mundial, se abrió una coyuntura relativamente favorable a una apertura democrática en el Perú con la victoria de los aliados, vencido el fascismo, la democracia parecía imponerse en el "mundo libre". Los sectores medios y la pequeña burguesía peruana que cuestiona­ban el Estado Oligárquico aprovecharon de esta coyuntura para exigir “elecciones democráticas" contando con el apoyo de los sectores populares organizados. Se constituyó así un Frente Democrático Nacional, en el cual participaron una serie de partidos y de personalidades políticas, de línea progresista, reformista o centrista. Participó el Partido Comunista y sobre todo el Apra como, fuerza principal. El frente escogió como candidato para las elecciones de 1945 a un abogado arequipeño, Luis Bustamante y Rivero, que representaba lo que unos diez años más tarde sería la Democracia Cristiana. El Frente adoptó un programa, influido por el Apra crear un "congreso económico", reformas de bancos, propiciar la industrialización promover relaciones más justas entre el capital y el trabajo, defender la autonomía sindical, desarrollar la gratuidad de la enseñanza" llevar a cabo elecciones municipales, etc. El Apra salió de la clandestinidad en mayo de 1945, pudiendo realizar una grandiosa manifestación popular en la capital. Poco después Bustamante era elegido gracias a los votos apristas. El Apra obtuvo casi la mayoría en la elección de diputados y senadores.Entre ellos salieron elegidos varios dirigentes obreros. Al principio, Bustamante nombró algunos apristas en su Gabinete ministerial. El nuevo Gobierno, bajo la presión aprista creó algunas Corporaciones Nacionales de Desarrollo, dio impulso a la educación Y dictó algunas leyes laborales. Un número sin precedentes de sindicatos fueron reconocidos. Sin embargo, muchos puntos del programa del Gobierno que defendían los diputados apristas no pudieron ser aprobados. Los terratenientes, la burguesía agro-exportadora y las empresas imperialistas, se sintieron afectados por la política económica de Gobierno: el control de los precios y los cambios de moneda extranjera, las. medidas de protección de la industria nacional, etc. Sobre todo, estaban muy preocupados por el proceso de organización y la creciente movilización de los sectores populares. Atacaron a Busta­mante, acusándole de ser demasiado débil frente al Apra. Por su lado, Bustamante acusaba al Apra de fomentar las huelgas y el desorden social.La ofensiva de la derecha sobre el Gobierno se, reforzó en enero de 1947, cuando un industrial presidente del periódico La Prensa, fue asesinado. El atentado fue cargado a cuenta del Apra, Bustamante excluyo a los ministros apristas de su Gabinete, llamando a militares, entre ellos el General Manuel Odría como Ministro de Gobierno. Empezó de nuevo una represión sistemática. En julio de 1947, la derecha se unió para boicotear el Congreso el cual, por falta de quorum, quedó paralizado: El Apra perdía su principal influencia en el poder del Estado. Mientras tanto, la movilización obrera se extendía y muchos militantes apristas avanzaban los preparativos para una insurrección popular y armada.

El Ochenio

GOBIERNO DE ODRÍA
El régimen de Odría, apoyado por la oligarquía exportadora y los distintos sectores de derecha temerosos por la movilización popular trató de desmantelar al movimiento obrero y a las organizaciones revolucionarias. Para ello, combinó la represión y el Clientelaje político.
En primer lugar, la "revolución restauradora" intentó quebrar al Apra y especialmente de las organizaciones sindicales y los Comandos de Defensa que representaban su principal potencial revolucionario. Bajo la acusación de su participación en la sublevación del Callao, miles de militantes, dirigentes sindicales y líderes de organizaciones populares apristas fueron encarcelados, deportados o ejecu­tados. La CTP fue declarada ilegal y sus dirigentes perseguidos. El Secretario General, Arturo Sabroso fue reemplazado interinamente en la clandestinidad por Luis Negrei­ros que intentó reorganizar la CTP y el Comando, de Defensa. Negreiros representa­ba uno de los principales enemigos del régimen. Objeto de una intensa persecución policial, fue sorprendido varias veces por agentes del Gobierno. Finalmente fue capturado en la noche del 24 de Marzo de 1950 y asesinado en la calle. Los locales del Partido Aprista fueron Clausurados. Se prohibieron las publicaciones y las mani­festaciones públicas. Hasta casi el final del Gobierno de Odría, los altos dirigentes del partido fueron también objeto de la represión. Haya de la Torre, perseguido, Se refugió en la Embajada de Colombia en enero de 1949 donde fue cercado. Acusado de "delincuente común" no obtuvo salvoconducto para salir del país hasta 1954, a pesar de las presiones internacionales.
La represión se ejerció igualmente contra los comunistas y los trotskistas, alcanzando también varios sectores políticos democráticos reformistas e incluso de derecha que se oponían al régimen. Para tener respaldo legal a esa política represiva, el Gobierno emitió en 1949 una Ley de Seguridad Interior, que los liberada en realidad de toda interferencia del poder judicial. Esta ley fue una de las más represivas del continente en su época. Bajo estas condiciones, Odría llamó a elecciones en 1950, prohibiendo la participación de todos sus opositores. Reprimió el movimiento estudiantil y las movilizaciones populares que protestaban con la manipulación electoral.
El principal ejecutor de la, política represiva fue el Director de Gobierno (luego Ministro) Esparza Zañartu, famoso por las torturas y asesinatos políticos que
se produjeron durante su mandato. Utilizó métodos como la organización de en contra­ de las manifestaciones públicas, o con el envío, de matones a las asambleas sindicales y políticas para provocar el desorden y hacer intervenir a 1a policía.

El control del movimiento obrero se organizó de manera policíaca. Se allanaban las casas. Los investigadores vigilaban todas las organizaciones y reuniones sindicales. Algunos dirigentes sindicales eran liberados "bajo ciertas condiciones".
Es decir, con el compromiso de servir de soplones. La policía, avisada, sorprendía los locales y las reuniones clandestinas. Estos dirigentes se encargaban luego de desani­mar a sus bases diciéndoles: "ya ven, no se puede". Paralelamente a la represión, el régimen reforzó y modernizó los mecanismos institucionales para regular las relaciones laborales. En 1949 fue creado el Ministerio del Trabajo, Asuntos Indígenas. Se organizó una división de Relaciones de Trabajo para la tramitación de las reclamaciones colectivas y Tribunales de Asuntos colectivos. Sin embargo, la política laboral de Odría tenía un carácter marcadamente clientelístico, paternalista y manipulador. Odría trató de presentarse como un líder populachero, sincero amigo de los trabajadores y mandatario de intensa emoción social.
Poco después de asumir el poder dio una ley de participación de los trabajadores en beneficio de las empresas. Esta ley buscaba presentar la política laboral del nuevo régimen como progresista. Tenía además un acápite que creaba el Salario Dominical. Esta última medida fue acogida favorablemente por los patronos por que permitía evitar el ausentismo de los obreros. La participación en las utilidades, por el contrario fue criticada por ellos y no fue reglamentada ni aplicada. Otra medida del ochenio fue la creación del Seguro Social Obligatorio del Empleado y la construcción del Hospital del Empleado.

Por otro lado, el Gobierno trató de acentuar la división ,del movimiento sindical y de subordinarlo. Fomentó el ingreso de dirigentes anti-apristas y oportunis­tas en los sindicatos cuyos líderes habían sido encarcelados. Fomentó también la ­lucha entre facciones políticas. Odría obtuvo el apoyo del famoso líder de los Chóferes Juan P. Luna, quien había sido desplazado de la CTP y de su propia Federa­ción de Chóferes durante el Gobierno de Bustamante. Considerado como un remanente del grupo de Ravinés y expulsado del Partido Comunista en 1947, se vinculó con el régimen odriísta. Conjuntamente con algunos dirigentes gráficos, de Construcción Civil, de mercados y otros, formó un "Comité de Acción Política de Trabajadores" con la finalidad de presentar candidatos obreros en la lista pro-odriísta en las elecciones de 1950. Salió elegido senador. Los "unistas" recuperaron el control de la Federación de Chóferes y extendieron su influencia en la Federación de Trabajadores en Construcción Civil, el Sindicato Único de Trabajadores Autobuseros, y otros gremios.
Odría estableció también contacto con algunos propulsores de un movimien­to sindical peronista en el Perú. Se estableció un Comité de Unidad Sindical, encabe­zado por un ex-aprista, Tomás de Piélago, dirigente de la Federación Gráfica. Este movimiento no tuvo mayor resultado.
Varios sectores sindicales intentaron aprovechar del anti-aprismo de Odría para "reorganizar" la CTP. En 1952 se formó un Comité de Reorganización de la CTP, encabezado por Juan P. Luna y Pedro Parra, que se reunía en el local de la Fe­deración Gráfica o de Chóferes. Sin embargo este Comité no logró consolidarse. Sus reuniones eran siempre interrumpidas por alguien que cuestionaba la representatividad de la asamblea y denunciaba la manipulación ejercida por los dirigentes.
Finalmente, a pesar de la represión y de la política divisionista del régimen, la CTP logró sobrevivir. Organizaciones controladas por el Apra, como la Federación Textil, la Unión Sindical de Trabajadores de Lima y la del Callao seguían muy activas y centralizaban las luchas. Veremos que al fin del Ochenio, los dirigentes sindicales apristas llegaron a un cierto acuerdo con el régimen que acabó por recono­cer de hecho a la CTP. El Partido Comunista logró fortalecer sus bases sindicales en el sur (Arequipa, Cuzco y Puno) y, a partir de 1954, dio un nuevo impulso al Comité Reorganizador de la CTP. Apristas y comunistas llegaron a un entendimiento para " llevar adelante el I1 Congreso de la CTP, en 1956.
Al reprimir al Apta y a la mayoría de las organizaciones populares, el régimen odriísta se arriesgaba a no contar con ningún apoyo de masa. La represión y la manipulación podían generar, por contragolpe, un nuevo frente popular y una nueva fuerza revolucionaria explosiva. El régimen trató por lo tanto de implementar una política que le permitiera contar con una base social de apoyo. Ya vimos los intentos en este sentido en el campo sindical. En este campo, Odría obtuvo un apoyo sumamente limitado. Tan sólo algunos líderes utilizaron el odriísmo como cobertura para obtener ventajas personales o gremiales. Los más vulnerables al clientelaje fueron los trabajadores semi-independientes, (como chóferes o vendedores de merca­do), los trabajadores eventuales sujetos a la competencia en el mercado de trabajo (como los obreros de construcción civil), y los gremios donde existía un caudillaje sindical. ­Odría tuvo mayor éxito con los sectores populares desorganizados que estaban en expansión durante su Gobierno: los migrantes urbanos recién llegados, las poblaciones de las barriadas, la nueva empleocracia y la nueva pequeña burguesía arribista. Estos sectores todavía no habían sido penetrados profundamente por los partidos y sus reivindicaciones no estaban articuladas. Con una política agresiva de gastos públicos, de realizaciones espectaculares y de asistencialismo, el régimen de Odría responde parcialmente a estas nuevas presiones populares difusas y ganarse un cierto apoyo popular que le permitiera legitimizar la represión de los movimientos sociales más politizados, especialmente el movimiento obrero. Odría multiplico los "favores" a varios sectores medios urbanos, transformándolos en clientela política para la derecha; además de organizar invasiones de, terrenos urbanos y reconocer legalmente muchas barriadas, el Gobierno desarrolló en ellas una política asistencialista. En 1951 fue creado el Centro de Asistencia Social; animada por la Sra. María Delgado.