EL APRA LUEGO DE 1940

En las elecciones de 1939 resultó electo Manuel Prado, representante de sectores más modernizantes y liberales de las clases dominantes. Su elección determinó algunos cambios en el plano interno e internacional que no llegaron a cuestionar el ordenamiento social y político imperante. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial la política peruana estaba claramente influenciada por la situación de enfrentamiento entre los dos grandes bloques que pugnaban en la contienda: “Los Aliados” y “El Eje”. El régimen de Prado, claramente identificado con los aliados, desarrolla una política de mayor subordinación al gobierno norteamericano, tanto en el plano económico como en el político. La represión al movimiento popular disminuyó y se otorgaron ciertos márgenes de actuación a las fuerzas democráticas y populares en el terreno sindical y político.Por su parte el Partido Comunista y el APRA rebajaron su beligerancia otorgando incluso un tácito respaldo al régimen, en tanto se encuentra enfrentado al fascismo. En el período gubernamental de Manuel Prado se incrementó la actividad industrial en íntima relación con el capital monopólico estadounidense y el sector exportador. Se instalan empresas como la Goodyear y otras industrias intermedias de fertilizantes e insecticidas en función del desarrollo del sector agroexportador.242 La relación estrecha entre este último sector y el sector industrial se demostró debido a que de 1941 a 1943 Luis Miranda de la Grace fuera, al mismo tiempo, vicepresidente de la Sociedad Nacional de Industrias y Presidente de la Sociedad Nacional Agraria.243 Este proceso de penetración del capital norteamericano, mediante la generación de industrias cuya producción estaba orientada a la exportación, va a sentar las bases para el nacimiento de una sociedad capitalista dependiente que va encontrar resistencia en lo político por los sectores tradicionales, oligárquicos, cuya riqueza estaba vinculada más con la tierra que con la industria. Esto produjo confrontaciones o contradicciones inevitables; la oligarquía se resistía al cambio, pues tenía miedo de perder sus privilegios, principalmente el referido al poder político el cual habían usufructuado desde la colonia con cambios no fundamentales, sino cosméticos. El capitalismo y, principalmente, el imperialismo norteamericano tendrá que entender esto —pues son sus aliados naturales— y evitar de ese modo un rompimiento traumático en las estructuras de poder. Al mismo tiempo la creciente movilización popular y de sectores medios en contra de la dominación oligárquica, la derrota del fascismo y el ascenso de las democracias liberales en el plano internacional obligaron a las clases dominantes peruanas a ceder temporalmente el gobierno ante el resurgimiento y empuje de las fuerzas democráticas.Con el triunfo electoral del Frente Democrático Nacional (1945), que llevó a José Luis Bustamante y Rivero a la Presidencia de la República, se inaugura un período democrático de tres años que significó un clima de libertad hasta entonces desconocido en la vida política del país. Convergen en el apoyo a Bustamante el Partido Aprista, el Partido Comunista, el Partido Descentralista, el Partido Socialista y otras fuerzas menores. Los dos primeros, en situación de ilegalidad, se presentaron a las elecciones con otros nombres: Partido del Pueblo y Vanguardia Socialista, respectivamente.El gobierno de Bustamante y Rivero intentó producir algunos cambios en el país utilizando los mecanismos institucionales. Las principales fuerzas que apoyaron a Bustamante coincidieron en priorizar la estabilidad de la democracia parlamentaria por sobre los propios cambios que pudieran producirse. El Partido Aprista subordinó sus antiguos planteamientos a cambio de conseguir la legalidad y, con ella, la posibilidad de llevar a su jefe Víctor Raúl Haya de la Torre, a la Presidencia de la República. Pero las demandas-exigencias del movimiento popular, que tras varios años resurgió con fuerza, van a afectar las bases mismas de sustentación del orden oligárquico. La lucha popular termina desbordando la capacidad de dirección y genera contradicciones al interior del monolítico partido aprista.244 La contradicción existente entre la dirección objetiva del movimiento de masas —que se extiende esta vez hacia sectores del agro peruano— y la orientación de sus principales dirigentes crean situaciones de impases políticos para el movimiento popular. A decir de Cotler: “Pero estas exigencias populares, al atacar las bases mismas del poder de los propietarios nativos y de los enclaves, creaban una situación imposible de resolver políticamente, tal como los ulteriores acontecimientos se encargaron de demostrar. Así, una vez más, se destacó el conflicto entre el carácter liberal de la dirección del partido y las tendencias revolucionarias de la masa aprista, que anhelaba sacudirse de una vez por todas de la dominación oligárquico-imperialista”.245 El auge de las luchas del movimiento popular, así como las medidas que intentó e inició el gobierno de Bustamante —control de cambios y proceso de democratización básicamente— provocaron la reacción de las fracciones oligárquicas que, sintiendo amenazado el sistema de dominación política, inician las contraofen-sivas impidiendo el funcionamiento del Poder Legislativo. Por primera vez las fuerzas democráticas se “expresan” mediante el Poder Ejecutivo. En el parlamento, sin embargo, la correlación de fuerzas es favorable a las fuerzas oligárquicas. Ello determinó un hecho nuevo en las relaciones Ejecutivo-Legislativo: ambos poderes representan fuerzas sociales contradictorias. Las fuerzas oligár-quicas utilizan el parlamento como trinchera para obstruir y boicotear la acción del Ejecutivo; esto generó serios impases imposibles de solucionar por la vía constitucional.La crisis política trasciende las instituciones del Estado. El movimiento popular, revitalizado, plantea un conjunto de demandas democráticas y de mejoramiento de sus condiciones de vida. Las bases del Partido Aprista presionan a su dirigencia por el cumplimiento de sus objetivos pragmáticos iniciales. Se desarrollan las contradicciones al interior de las fuerzas democráticas y el Partido Aprista produce un segundo intento insurreccional. Las fuerzas oligárquicas recurren nuevamente al ejército y a la violencia institucional. Bustamante es derrocado por un golpe de Estado (1948) que lleva al general Odría al gobierno. El ejército gran dirimente de los conflictos, sale nuevamente en defensa de las fuerzas oligárquicas amenazadas. Otra vez, el ejercicio sistemático de la violencia desarticula por varios años la capacidad de respuesta de las fuerzas democráticas y el movimiento popular.El período de Odría significó la readecuación del país a las exigencias del capital norteamericano en función de las nuevas condiciones internacionales e internas. Se alentó e impulsó la inversión extranjera y norteamericana, en particular, la misma que alcanzó cifras antes desconocidas. Estas inversiones significaron un impulso al “desarrollo capitalista” sin producir cambios fundamentales en sus modalidades concretas de desarrollo. Aunque la actividad industrial se incrementó de manera significativa, ésta estuvo estrechamente ligada a la exportación y a la penetración del capital extranjero, desempeñando un papel fundamentalmente complementario y no antagónico al “modelo” exportador. Este último se vio fuertemente fortalecido por la política desarrollada por el gobierno de Odría.246 Algunos datos pueden ilustrarnos lo que acabamos de decir. Así, de 1950 a 1960 la industria manufacturera creció en el 62%; mientras la minería lo hizo en 172% y el sector exportador, como un todo, tuvo en el mismo período un crecimiento acumulado de 337%.247 Todo ello fue posible por las enormes facilidades otorgadas por los nuevos dispositivos legales a las inversiones extranjeras especialmente con relación a las actividades de exportación.En 1950 se promulgó el Código de Minería; en 1952, la Ley de Petróleo y en 1955 la Ley de la Electricidad, todas ellas destinadas a facilitar y favorecer el ingreso del capital extranjero en el país. El Código de Minería, entre otras concesiones, suprimió el impuesto a la exportación, exoneró a las empresas concesionarias del pago de derechos por la importación de equipos. Asimismo, exoneró al concesionario hasta con el 50% de los impuestos a las utilidades, instituyendo la llamada Reserva por Agotamiento, y poniendo de este modo la riqueza minera del país enteramente en manos de las empresas extranjeras. En diciembre de 1951, de acuerdo con dicho Código, se firma el Contrato de Marcona (explotación de cobre a tajo abierto en la mina más importante de ese mineral, necesario para procesar material de guerra) en condiciones sumamente onerosas para el país.248 La guerra de Corea estaba ad portas, se habían dado hostilidades en Laos y Camboya. El cobre era necesario para una economía de guerra, así como para el armamentismo como política para reactivar el aparato productivo en los Estados Unidos. Las inversiones norteamericanas en minería, alentadas por las excelentes condiciones, crecen vertiginosamente. Entre 1950 y 1965 las inversiones directas de los Estados Unidos en minería se incrementaron en un 379%. El impulso a la minería para la exportación fue acompañado por la diversificación de las inversiones de las empresas extranjeras y de la burguesía exportadora hacia actividades industriales conexas. Al respecto, es interesante observar la ampliación industrial de la Cerro de Pasco Corporation que incluía empresas para la producción en el país de una serie de insumos tales como el alambre de cobre (INDECO), billas (pequeñas bolas) de acero (MEPSA), explosivos (EXSA), entre otras.Estos cambios en la estructura productiva determinaron un incremento de las relaciones de intercambio acelerando el proceso de desintegración del mundo rural tradicional. Mientras en 1940 el porcentaje que la Población Económicamente Activa (PEA) en la agricultura era de 61% en 1961 este porcentaje disminuye a 49,8%. Por el contrario, el porcentaje de la Población Económicamente Activa no agrícola, en los mismos años, aumenta del 36,6% al 64,1%. Asimismo se produjo un acelerado proceso de urbanización. Mientras en 1940 la población urbana era el 26,9% de la población total, en 1961 este porcentaje aumenta al 40,1%.249 Este proceso de urbanización significó, fundamentalmente, una gran concentración de población en Lima y en las grandes ciudades, fruto de las grandes oleadas migratorias de la época. Según el censo de 1940 Lima tenía 645 172 habitantes, en 1956 esta cifra se eleva a 1 200 000, en 16 años la población de la gran Lima se había duplicado.250 En el marco de estas tendencias, durante el Ochenio de Odría se desarrolló con fuerza el fenómeno de la formación de las barriadas, alentadas por la política de obras públicas que imple-menta el gobierno. De 1950 a 1956 se forman en Lima 56 barriadas que albergan a 108 988 habitantes. La población de Lima, calculada basándose en el censo de 1940, era de 1 260 729 habitantes. Alrededor del 10% de la población de Lima habitaba en ese entonces en las barriadas. En Arequipa este porcentaje llegó a 13,45% y en Chimbote se elevó al 21,4%.251 La política de obras públicas, implementada por Odría, alentó estos procesos de urbanización. Al mismo tiempo la bonanza económica, consecuencia del incremento de las exportaciones, permitió la extensión del aparato estatal. A partir de la ampliación del sector servicios, el Gobierno de Odría consigue satisfacer, en lo inmediato, algunas demandas concretas de la población. Se llevan a cabo acciones de asistencia de salud y de vivienda para los pobladores de las barriadas apoyando, además, su reconocimiento legal. En 1951 se crea el Centro de Asistencia Social, encargado de estas acciones. Estas medidas permiten al gobierno conseguir una base social de apoyo importante en estos sectores de la po-blación; había inaugurado la política del clientelismo político paternalista de manera institucionalizada. La recurrencia al asistencialismo y a una política de tipo paternalista hacia los sectores marginales se combinó con la represión violenta y sistemática a los sectores más avanzados y organizados del movimiento obrero y popular.252 Bajo el régimen de Odría se desarrolló la represión más generalizada y sistemática que ha conocido el movimiento obrero y popular en ese período. El general Esparza Zañartu era conocido como Director y luego como Ministro de Gobierno debido a los arrestos y torturas de carácter político realizados bajo su dirección.253 No es casualidad la combinación de la violencia represiva con las concesiones económico-corporativas. Ambos métodos se presentaran como necesarios y complementarios para mantener el dominio oligárquico y del capital extranjero, frente a un movimiento obrero y popular que irrumpe contra él. Esta situación introduce modificaciones en la organización misma del aparato estatal y sus instituciones. Cobran importancia aquellos aparatos del Estado cuyas funciones estaban en relación con los llamados “servicios”: Salud, Vivienda, Educación, Transporte. Esto implicó, indudablemente, la ampliación de las funciones del Estado, así como de la burocracia a su servicio, situación que por otra parte fue utilizada para la neutralización y cooptación de sectores medios y de la pequeña burguesía.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home