miércoles, diciembre 14, 2005

El Ochenio

GOBIERNO DE ODRÍA
El régimen de Odría, apoyado por la oligarquía exportadora y los distintos sectores de derecha temerosos por la movilización popular trató de desmantelar al movimiento obrero y a las organizaciones revolucionarias. Para ello, combinó la represión y el Clientelaje político.
En primer lugar, la "revolución restauradora" intentó quebrar al Apra y especialmente de las organizaciones sindicales y los Comandos de Defensa que representaban su principal potencial revolucionario. Bajo la acusación de su participación en la sublevación del Callao, miles de militantes, dirigentes sindicales y líderes de organizaciones populares apristas fueron encarcelados, deportados o ejecu­tados. La CTP fue declarada ilegal y sus dirigentes perseguidos. El Secretario General, Arturo Sabroso fue reemplazado interinamente en la clandestinidad por Luis Negrei­ros que intentó reorganizar la CTP y el Comando, de Defensa. Negreiros representa­ba uno de los principales enemigos del régimen. Objeto de una intensa persecución policial, fue sorprendido varias veces por agentes del Gobierno. Finalmente fue capturado en la noche del 24 de Marzo de 1950 y asesinado en la calle. Los locales del Partido Aprista fueron Clausurados. Se prohibieron las publicaciones y las mani­festaciones públicas. Hasta casi el final del Gobierno de Odría, los altos dirigentes del partido fueron también objeto de la represión. Haya de la Torre, perseguido, Se refugió en la Embajada de Colombia en enero de 1949 donde fue cercado. Acusado de "delincuente común" no obtuvo salvoconducto para salir del país hasta 1954, a pesar de las presiones internacionales.
La represión se ejerció igualmente contra los comunistas y los trotskistas, alcanzando también varios sectores políticos democráticos reformistas e incluso de derecha que se oponían al régimen. Para tener respaldo legal a esa política represiva, el Gobierno emitió en 1949 una Ley de Seguridad Interior, que los liberada en realidad de toda interferencia del poder judicial. Esta ley fue una de las más represivas del continente en su época. Bajo estas condiciones, Odría llamó a elecciones en 1950, prohibiendo la participación de todos sus opositores. Reprimió el movimiento estudiantil y las movilizaciones populares que protestaban con la manipulación electoral.
El principal ejecutor de la, política represiva fue el Director de Gobierno (luego Ministro) Esparza Zañartu, famoso por las torturas y asesinatos políticos que
se produjeron durante su mandato. Utilizó métodos como la organización de en contra­ de las manifestaciones públicas, o con el envío, de matones a las asambleas sindicales y políticas para provocar el desorden y hacer intervenir a 1a policía.

El control del movimiento obrero se organizó de manera policíaca. Se allanaban las casas. Los investigadores vigilaban todas las organizaciones y reuniones sindicales. Algunos dirigentes sindicales eran liberados "bajo ciertas condiciones".
Es decir, con el compromiso de servir de soplones. La policía, avisada, sorprendía los locales y las reuniones clandestinas. Estos dirigentes se encargaban luego de desani­mar a sus bases diciéndoles: "ya ven, no se puede". Paralelamente a la represión, el régimen reforzó y modernizó los mecanismos institucionales para regular las relaciones laborales. En 1949 fue creado el Ministerio del Trabajo, Asuntos Indígenas. Se organizó una división de Relaciones de Trabajo para la tramitación de las reclamaciones colectivas y Tribunales de Asuntos colectivos. Sin embargo, la política laboral de Odría tenía un carácter marcadamente clientelístico, paternalista y manipulador. Odría trató de presentarse como un líder populachero, sincero amigo de los trabajadores y mandatario de intensa emoción social.
Poco después de asumir el poder dio una ley de participación de los trabajadores en beneficio de las empresas. Esta ley buscaba presentar la política laboral del nuevo régimen como progresista. Tenía además un acápite que creaba el Salario Dominical. Esta última medida fue acogida favorablemente por los patronos por que permitía evitar el ausentismo de los obreros. La participación en las utilidades, por el contrario fue criticada por ellos y no fue reglamentada ni aplicada. Otra medida del ochenio fue la creación del Seguro Social Obligatorio del Empleado y la construcción del Hospital del Empleado.

Por otro lado, el Gobierno trató de acentuar la división ,del movimiento sindical y de subordinarlo. Fomentó el ingreso de dirigentes anti-apristas y oportunis­tas en los sindicatos cuyos líderes habían sido encarcelados. Fomentó también la ­lucha entre facciones políticas. Odría obtuvo el apoyo del famoso líder de los Chóferes Juan P. Luna, quien había sido desplazado de la CTP y de su propia Federa­ción de Chóferes durante el Gobierno de Bustamante. Considerado como un remanente del grupo de Ravinés y expulsado del Partido Comunista en 1947, se vinculó con el régimen odriísta. Conjuntamente con algunos dirigentes gráficos, de Construcción Civil, de mercados y otros, formó un "Comité de Acción Política de Trabajadores" con la finalidad de presentar candidatos obreros en la lista pro-odriísta en las elecciones de 1950. Salió elegido senador. Los "unistas" recuperaron el control de la Federación de Chóferes y extendieron su influencia en la Federación de Trabajadores en Construcción Civil, el Sindicato Único de Trabajadores Autobuseros, y otros gremios.
Odría estableció también contacto con algunos propulsores de un movimien­to sindical peronista en el Perú. Se estableció un Comité de Unidad Sindical, encabe­zado por un ex-aprista, Tomás de Piélago, dirigente de la Federación Gráfica. Este movimiento no tuvo mayor resultado.
Varios sectores sindicales intentaron aprovechar del anti-aprismo de Odría para "reorganizar" la CTP. En 1952 se formó un Comité de Reorganización de la CTP, encabezado por Juan P. Luna y Pedro Parra, que se reunía en el local de la Fe­deración Gráfica o de Chóferes. Sin embargo este Comité no logró consolidarse. Sus reuniones eran siempre interrumpidas por alguien que cuestionaba la representatividad de la asamblea y denunciaba la manipulación ejercida por los dirigentes.
Finalmente, a pesar de la represión y de la política divisionista del régimen, la CTP logró sobrevivir. Organizaciones controladas por el Apra, como la Federación Textil, la Unión Sindical de Trabajadores de Lima y la del Callao seguían muy activas y centralizaban las luchas. Veremos que al fin del Ochenio, los dirigentes sindicales apristas llegaron a un cierto acuerdo con el régimen que acabó por recono­cer de hecho a la CTP. El Partido Comunista logró fortalecer sus bases sindicales en el sur (Arequipa, Cuzco y Puno) y, a partir de 1954, dio un nuevo impulso al Comité Reorganizador de la CTP. Apristas y comunistas llegaron a un entendimiento para " llevar adelante el I1 Congreso de la CTP, en 1956.
Al reprimir al Apta y a la mayoría de las organizaciones populares, el régimen odriísta se arriesgaba a no contar con ningún apoyo de masa. La represión y la manipulación podían generar, por contragolpe, un nuevo frente popular y una nueva fuerza revolucionaria explosiva. El régimen trató por lo tanto de implementar una política que le permitiera contar con una base social de apoyo. Ya vimos los intentos en este sentido en el campo sindical. En este campo, Odría obtuvo un apoyo sumamente limitado. Tan sólo algunos líderes utilizaron el odriísmo como cobertura para obtener ventajas personales o gremiales. Los más vulnerables al clientelaje fueron los trabajadores semi-independientes, (como chóferes o vendedores de merca­do), los trabajadores eventuales sujetos a la competencia en el mercado de trabajo (como los obreros de construcción civil), y los gremios donde existía un caudillaje sindical. ­Odría tuvo mayor éxito con los sectores populares desorganizados que estaban en expansión durante su Gobierno: los migrantes urbanos recién llegados, las poblaciones de las barriadas, la nueva empleocracia y la nueva pequeña burguesía arribista. Estos sectores todavía no habían sido penetrados profundamente por los partidos y sus reivindicaciones no estaban articuladas. Con una política agresiva de gastos públicos, de realizaciones espectaculares y de asistencialismo, el régimen de Odría responde parcialmente a estas nuevas presiones populares difusas y ganarse un cierto apoyo popular que le permitiera legitimizar la represión de los movimientos sociales más politizados, especialmente el movimiento obrero. Odría multiplico los "favores" a varios sectores medios urbanos, transformándolos en clientela política para la derecha; además de organizar invasiones de, terrenos urbanos y reconocer legalmente muchas barriadas, el Gobierno desarrolló en ellas una política asistencialista. En 1951 fue creado el Centro de Asistencia Social; animada por la Sra. María Delgado.